Ingresar en la ESB Nº 7 es encontrarse con un panorama inicialmente desalentador, y más para docentes como quién escribe con pocos años de experiencia en el cargo.
Es ingresar en una comunidad en la que se nota un escaso compromiso para con la educación de los niños, derivado del nivel educativo que la misma posee, que influye directamente en el reconocimiento de la Educación como valor.
Los indicadores de riesgo social, como la violencia física y verbal, el maltrato por acción u omisión, entre otras, son condicionantes directos de las conductas de los niños, que se manifiestan en su forma de relacionarse con el contexto que los rodea. Y de esto no queda afuera la Escuela, que constituye su forma de expresión y comunicación.
Ingresar en la ESB Nº 7 es observar en los niños y jóvenes, cierta apatía manifiestada como falta de interés, que se complementa con hábitos culturales, en tanto conducta aprehendida que no favorecen el trabajo escolar.
Todos sabemos que en el aula se conjugan los intereses y expectativas del alumno, la historia personal, el ambiente familiar que lo rodea, las motivaciones sociales, las influencias de los medios masivos de comunicación, los modelos propuestos por la sociedad que padres y maestros refuerzan, la situación socioeconómica y política, la tradición cultural, la política educativa vigente, etc.; y que todo esto no solo determinan las conductas y reacciones de los alumnos sino que en ocasiones determinan las trayectorias escolares.
Teniendo en cuenta lo antes mencionado, es importante analizar y repensar el trabajo del docente dentro del ámbito escolar, teniendo una mirada que nos permita posicionarnos como actores transformadores más que en mediadores - articuladores.
Es decir, por todos estos factores la articulación entre lo social y lo escolar se complejiza.
Esta comunidad escolar en la que realizamos el presente proyecto necesita un mayor compromiso del docente que permanentemente debe buscar recursos innovadores para motivar y permitir que la inclusión que tanto se pregona, se haga realidad a partir de proyectos pedagógicos innovadores, que permitan a estos alumnos un aprendizaje de calidad que los situé al mismo nivel que cualquier alumno de otra escuela y le permita continuar sus estudios e insertarse en la sociedad de hoy, con las mismas posibilidades.
Partimos de la idea que ante esta población incluir con calidad era darle a toda las mismas posibilidades que aprendan que otras con más recursos.
Que incluir es Enseñar y por lo tanto debíamos buscar los recursos didácticos adecuados para que nuestro alumno APRENDA.
Teníamos claro que la escuela era el único espacio de contención para retener a estos alumnos pero no nos resignamos nunca a que fuera solo un centro asistencialista que incluya dando alimentos y no DAR CONOCIMIENTOS PARA PODER ENSEÑARLES A PENSAR Y A FORJAR UN FUTURO DIGNO.
Nuestro planteo inicial fue:
Se puede dar Calidad Educativa en ámbitos socialmente marginados.
Y solo tendremos inclusión con calidad cuando le demos las mismas posibilidades “REALES” a los que menos tienen. Cuando consideremos a todos personas con los mismos derechos y deberes.
Porque una educación incluyente ve a todos los estudiantes como “capaces de aprender” y anima y honra todos los tipos de diversidad, incrementando la posibilidad de una igualdad de oportunidades y con ello, la mejora de la educación.
Los indicadores de riesgo social, como la violencia física y verbal, el maltrato por acción u omisión, entre otras, son condicionantes directos de las conductas de los niños, que se manifiestan en su forma de relacionarse con el contexto que los rodea. Y de esto no queda afuera la Escuela, que constituye su forma de expresión y comunicación.
Ingresar en la ESB Nº 7 es observar en los niños y jóvenes, cierta apatía manifiestada como falta de interés, que se complementa con hábitos culturales, en tanto conducta aprehendida que no favorecen el trabajo escolar.
Todos sabemos que en el aula se conjugan los intereses y expectativas del alumno, la historia personal, el ambiente familiar que lo rodea, las motivaciones sociales, las influencias de los medios masivos de comunicación, los modelos propuestos por la sociedad que padres y maestros refuerzan, la situación socioeconómica y política, la tradición cultural, la política educativa vigente, etc.; y que todo esto no solo determinan las conductas y reacciones de los alumnos sino que en ocasiones determinan las trayectorias escolares.
Teniendo en cuenta lo antes mencionado, es importante analizar y repensar el trabajo del docente dentro del ámbito escolar, teniendo una mirada que nos permita posicionarnos como actores transformadores más que en mediadores - articuladores.
Es decir, por todos estos factores la articulación entre lo social y lo escolar se complejiza.
Esta comunidad escolar en la que realizamos el presente proyecto necesita un mayor compromiso del docente que permanentemente debe buscar recursos innovadores para motivar y permitir que la inclusión que tanto se pregona, se haga realidad a partir de proyectos pedagógicos innovadores, que permitan a estos alumnos un aprendizaje de calidad que los situé al mismo nivel que cualquier alumno de otra escuela y le permita continuar sus estudios e insertarse en la sociedad de hoy, con las mismas posibilidades.
Partimos de la idea que ante esta población incluir con calidad era darle a toda las mismas posibilidades que aprendan que otras con más recursos.
Que incluir es Enseñar y por lo tanto debíamos buscar los recursos didácticos adecuados para que nuestro alumno APRENDA.
Teníamos claro que la escuela era el único espacio de contención para retener a estos alumnos pero no nos resignamos nunca a que fuera solo un centro asistencialista que incluya dando alimentos y no DAR CONOCIMIENTOS PARA PODER ENSEÑARLES A PENSAR Y A FORJAR UN FUTURO DIGNO.
Nuestro planteo inicial fue:
Se puede dar Calidad Educativa en ámbitos socialmente marginados.
Y solo tendremos inclusión con calidad cuando le demos las mismas posibilidades “REALES” a los que menos tienen. Cuando consideremos a todos personas con los mismos derechos y deberes.
Porque una educación incluyente ve a todos los estudiantes como “capaces de aprender” y anima y honra todos los tipos de diversidad, incrementando la posibilidad de una igualdad de oportunidades y con ello, la mejora de la educación.
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